miércoles, abril 19

No es tan malo saber que no tienes todas las respuestas, y que no tienes ni la minima idea de nada😆

viernes, abril 7

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Desarrollo del sentido de sí mismo y la independencia.

Los individuos poseen el sentido de quiénes son y qué les hace diferentes a los demás. Se aferran a esta identidad y comienzan a sentirse seguros sobre esta identidad que está siendo cada vez más estable. Real o imaginario, este sentido del yo es una de las motivaciones más fuertes en la vida.

¿Cuándo empieza a sentir el individuo una existencia separada de otros?

El yo. El ser no es entregado al individuo por sus padres o por la cultura. En su lugar, ellos mismos encuentran y construyen su propio yo. Estudiar el yo en la infancia es difícil principalmente porque los niños son incapaces de describir con el lenguaje sus propias experiencias.
Para determinar si los niños pueden reconocerse a sí mismos, los psicólogos han utilizado los espejos. En el reino animal, sólo los grandes simios aprenden a reconocer su reflejo en un espejo, los bebés humanos logran esta hazaña aproximadamente a los 18 meses. ¿Cómo funciona esta técnica del espejo? La madre pone un punto en la nariz del bebé. Se observa cuántas veces el bebé se toca la nariz. En dos investigaciones independientes durante la segunda mitad del segundo año de vida, los bebés reconocieron su propia imagen y coordinaron la imagen que veían con las acciones de tocar su propio cuerpo.
Independencia. No sólo se desarrolla el sentido del yo durante el segundo año, la independencia también se convierte en un tema central en la vida del niño. Según las teorías de Mahler y Erikson, se afirma que tienen implicaciones importantes para el desarrollo del yo y de la independencia. Se cree que el niño pasa por un proceso de separación y después de individualización. La separación implica el alejamiento del niño de la madre. La individualización implica el desarrollo del yo.
Según estos estudios, se creía que la independencia es un aspecto importante en el segundo año de vida y describió la segunda fase del desarrollo como una fase de autonomía frente a la vergüenza y la duda. La autonomía construye el desarrollo mental y las habilidades motoras del niño. En ese punto del desarrollo, el niño no sólo no puede andar, sino que también puede trepar, abrir y cerrar, dejar caer, empujar y tirar, y sujetar y soltar. Los niños se sienten orgullosos de de estas nuevas hazañas y quieren hacer todo ellos mismos, desde tirar de la cadena del baño, quitarle el envoltorio a un paquete o decir qué quiere comer. Es importante para los padres reconocer las motivaciones de los niños para hacer lo que son capaces de hacer a su propio ritmo. De esta forma, pueden aprender a controlar sus músculos e impulsarse a sí mismos. Sin embargo, cuando los cuidadores son impacientes y hacen por los niños lo que ellos son capaces de hacer, se desarrolla la vergüenza y la duda. Todos los padres han apresurado en alguna ocasión a sus hijos. Sólo cuando los padres sobreprotegen a sus hijos o reprochan los accidentes (por ejemplo, mojar, romper, derramar algo) los niños desarrollan un sentido excesivo de vergüenza y duda sobre su habilidad para controlarse a sí mismos y a su mundo.
Demasiada autonomía, sin embargo, puede ser tan dañina como demasiado poca. De hecho, un niño de siete años con una enfermedad cardíaca aprendió rápidamente lo que se asustaban sus padres ante cualquier señal de problemas cardíacos. No pasó mucho tiempo hasta que él controló el hogar. La familia no podía ir de compras o salir con el coche si el niño no lo aprobaba. En las raras ocasiones que sus padres lo desafiaban, él se enfadaba y su rostro color púrpura y sus náuseas asustaba a sus padres y se rendían. Realmente este niño tenía miedo de su poder y quería renunciar a él. Cuando los padres y el niño se dieron cuenta de esto y reconocieron que un poco de vergüenza y de duda eran un oponente saludable para un sentido de la autonomía exagerado, la familia empezó a funcionar mejor.